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Limpieza de Zonas Arqueológicas

Las zonas elegidas fueron:

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Oppidum de Puente Tablas Ciudad ibero-romana de Cástulo


El patrimonio arqueológico de la provincia de Jaén es uno de los más extensos que existe en España. Pero esta riqueza no se corresponde con un conocimiento cercano de los giennenses. Esta circunstancia fue el germen de un proyecto que la Asociación presentó a la Delegación de Cultura de la Junta de Andalucía, para lograr una mayor difusión de este patrimonio conjugándolo con una mejor conservación. De esta forma y a través de una especie de “campo de trabajo discontinuo”, un grupo de voluntarios se acercó al oppidum de Puente Tablas (Jaén) y Cástulo (Linares).

 

Oppidum de Puente Tablas

El primer campo de trabajo se llevó a cabo durante los fines de semana de Abril y Mayo de 1999 con alumnos de prehistoria de la Universidad de Jaén. Una media de cincuenta personas nos dimos cita durante dos meses para cambiar completamente la fisonomía de la zona arqueológica. Lo mejor de esta presencia humana no fue el número, sino que se logró el objetivo de implicar a numerosos vecinos de la zona en la limpieza del yacimiento. Así en Puente Tablas, a la vez que se limpiaba la maleza del lugar, se realizaba una tarea de documentación, complementada con los dibujos, pinturas y fotografías del lugar. Esta actividad fue dirigida por Francisca Hornos, Jefa de Sección de la Institución del Patrimonio.

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Ciudad ibero-romana de Cástulo

El segundo campo de trabajo arqueológico se realizó durante los cuatro sábados del mes de mayo de 2000, con noventa alumnos voluntarios del Instituto Huarte de San Juan y la colaboración de los profesores de dicho Centro Juan Parrilla y Vicente Leis. La parte técnica la realizaron Concepción Choclán, Directora del Museo y de la Zona Arqueológica de Cástulo y Marcelo Castro, Arqueólogo de la Delegación de Cultura.

Los escolares retiraron basuras, limpiaron algunos desprendimientos de la tierra y eliminaron hierbas y matas en la zona de la villa urbana del Olivar, de la muralla y al grupo del torreón y aljibes en un ambiente de esfuerzo, pero también de ilusión compartida. Pero lo más ilusionante para esos estudiantes es que participaron en la rehabilitación de un aljibe romano, del que ya se conocía su existencia, pero que no se había limpiado nunca. El aljibe tiene unas dimensiones de 5’5 metros de largo por 2’5 metros de ancho. Es subterráneo y está construido en piedra, la parte superior con sillares procedentes de otras construcciones romanas y sostenidos por una columna central.

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De esta forma, la idea original de conservar unos sitios arqueológicos de propiedad pública que en la actualidad no disponen de personal suficiente para realizar estas funciones, crece y se transforma en una propuesta mucho más amplia, como es cumplir la función social de acercamiento a la cultura que motivó en su momento que estos lugares fueran adquiridos y expropiados.

Pero las actividades que se desarrollaron en estas dos zonas arqueológicas fueron actividades de limpieza y mantenimiento en las zonas excavadas, entre las que se incluían la retirada de basura, desprendimientos de terreno y eliminación de hierbas y matorrales que habían crecido sin control. Por ello se pensó en formar grupos de trabajo asistidos por arqueólogas y arqueólogos con experiencia profesional reconocida por pertenecer a equipos de investigación autorizados por la Dirección General de Bienes Culturales. En el primer estadío del proyecto se facilitó a los participantes documentación, formada por material didáctico elaborado por los gabinetes pedagógicos.

 

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