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UN YACIMIENTO IBÉRICO EN LOS LIMITES DEL ADELANTAMIENTO: LOS CASTELLONES DE CÉAL (HINOJARES)

 

Autores: Teresa Chapa Brunet, Juan Pereira Sieso, Victorino Mayoral Herrera, Antonio Uriarte González 

Fuente: Anuario del Adelantamiento, 2004, páginas. 87- 92 

Teresa Chapa Brunet (1) * - Juan Pereira Sieso (2) * - Victorino Mayoral Herrera (3) * Antonio Uriarte González (4) *

 

I. Introducción

A mediados del siglo XX se produjo un hecho que cambiaría muchas cosas en el estrecho valle del Guadiana Menor. La Administración decidió convertir en carretera el camino que conducía desde Huesa a Pozo Alcón, dando servicio a la aldea de Céal y al pueblo de Hinojares, Coches, autocares y pequeños camiones empezaron a circular por un trazado difícil, pero finalmente practicable, en esta complicada orografía de las estribaciones meridionales de la Sierra de Cazorla. Durante muchos años, sin embargo, el tránsito de caballerías siguió siendo el método más habitual para desplazarse hacia los campos y huertas que colonizan el valle, no sólo por la dificultad de disponer de un vehículo propio, sino porque con aquellas se conseguía un ahorro notable de recorrido, evitándose muchas de las innumerables curvas que complican el tráfico. En todo caso, la carretera más empleada entre el entorno del nacimiento del Guadalquivir y los llanos de Pozo Alcón ha sido siempre la que conduce desde Quesada a esta población por el puerto de Tíscar, dejando a un lado el valle del Guadiana Menor, que ha mantenido un tráfico básicamente local.

Los inconvenientes de este camino que sigue parcialmente el valle han sido, por tanto, muy notables, tanto en la época presente como en las pasadas. La mala calidad del terreno y su rugosidad eran circunstancias que desaconsejaban este recorrido, a falta de soluciones tecnológicas complejas. Por eso, cuando en el proceso de construcción de la carretera se encontraron los restos de un importante asentamiento ibérico en el Cerro de Los Castellones, el primer reto que se planteó la investigación fue entender las razones que habían movido a los Iberos a situar un poblado en este lugar, lo que implicaba que las vías de comunicación de la época pasaban por el valle antes que por el área montañosa del entorno.
Cada época crea su propio paisaje, modificando la naturaleza con arreglo a sus necesidades e ideología, a sus posibilidades tecnológicas y al marco político general en el que se inserta la población humana. El diseño ibérico no coincidía con el romano, ni con el medieval o moderno. Habrían de buscarse por tanto las claves de la elección de este Jugar, que contra todos los modelos más recientes, fue el punto de apoyo de una ruta muy transitada, por la
que llegaron objetos procedentes de lugares tan lejanos como Grecia o Italia, que fueron adquiridos por los habitantes de Los Castellones entre el año 400 a. C. y el cambio de Era, para disfrutarlos en sus casas o incluirlos en sus tumbas, acompañándoles en su viaje al más allá. Buscamos explicaciones para algo que sucedió hace más de 2000 años, y la Arqueología es la única respuesta posible, a falta de los textos escritos que suelen ser la base de los estudios históricos para las etapas más recientes. Precisamente por eso se emprendieron las excavaciones que hoy permiten conocer un poco mejor a los pobladores de lo que mucho tiempo después sería una parte del Adelantamiento de Cazorla.

II.- La vida en el poblado ibérico de Los Castellones de Céal

1Vista aérea del yacimiento ibérico de Los Castellones de Céal (Hinojares).Una mirada al cerro que albergó el poblado ibérico nos deja claro que ocupa un lugar estratégico en su entorno inmediato. En la confluencia del Guadiana Menor con el Céal, bien protegido por tos barrancos formados por los dos ríos, tiene en las crestas de piedra caliza de su cumbre el elemento identificador que le ha conferido su nombre actual de "Los Castellones". En las zonas bajas, la tierra permite cultivos de secano o regadío que aportan un abastecimiento autosuficiente, al que puede añadirse la ganadería, la caza que abundaría en el entorno montañoso y la pesca, practicada en los vecinos cursos de agua.

De todo ello nos aporta pruebas la Arqueología. Las excavaciones han permitido documentar la presencia de cereales cultivados, como trigo y especialmente cebada, a los que se añadiría el cultivo del olivo en las últimas fases, ya contemporáneas a la presencia romana. Los animales empleados y consumidos, de los que se han encontrado los huesos arrinconados en los basureros, tienen a las ovejas y a las cabras como principal recurso, a las que acompañan las vacas, cerdos y gallinas, de cuya evidencia se han conservado incluso restos de cáscaras de huevo, introducidos como ofrenda funeraria en las tumbas. Los ciervos y jabalíes completaban el consumo de carne como producto cinegético, mientras que caballos y burros se empleaban, junto con el vacuno, para el trabajo agrícola y el transporte. El asno y la gallina son animales desconocidos en la Península ibérica hasta la llegada de los Fenicios, y los Iberos fueron aclimatándolos progresivamente a sus tierras y necesidades.

Más llamativo es quizás, por falta de referentes en otros lugares, el hecho de saber que en Los Castellones se practicaba la pesca fluvial. En un nivel tardío, en torno al s. II a. C., se encontraron numerosas pesas de red en forma de cilindros de plomo que se agrupaban en el suelo de una vivienda, caídas entre las ánforas de almacenaje que guardaba la habitación. Correspondían a un trasmallo, y su forma es exactamente igual a la que se ha mantenido hasta la actualidad en toda la geografía española. La red estaba colgada de la pared, y cuando la casa se destruyó por un Incendio, el tejido se consumió y las pesas se soltaron, cayendo desordenadamente al suelo, donde algunas se deformaron a causa del calor.


* (1) Universidad Complutense de Madrid * (2) Universidad de Castilla-La Mancha

*(3) Dirección General de Patrimonio. Junta de Extremadura * (4) Universidad Complutense de Madrid

 

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