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A través de las viviendas excavadas podemos saber que la construcción de los espacios domésticos seguía ya las pautas que veremos perdurar en la arquitectura popular del valle. Las bases de los muros se construían con piedras, tanto areniscas como grandes cantos de origen primario y color oscuro que abundan en el propio cerro, testimonio de la existencia de un río en etapas geológicas anteriores al ser humano y a la propia existencia del Guadiana Menor. Las paredes se seguían elevando con adobes o tapial, lo que implica el trabajo sistemático del barro y el conocimiento de una serie de técnicas que convertían en resistente material de construcción a la blanda arcilla. Finalmente, los techos se realizaban con una gruesa capa de ramas impermeabilizadas con barro, y cuyo peso se aliviaba con vigas construidas a partir de ramas de árbol -principalmente pinos- y sujetas con cuerda de esparto, un sistema que todavía hoy puede documentarse en la zona. El Interior y exterior de las casas era cuidadosamente preparado, enjabelgándolos con capas de cal que se renovaban cada cierto tiempo, y pintando a menudo los zócalos eran pintados con tonos rojos, el color más utilizado en esta época.

2Reconstrucción de una de las viviendas de la parte superior del poblado (dibujo: Victorino Mayoral).La morfología del cerro obliga a los habitantes del poblado a construir las viviendas a distintas alturas, preparando terrazas o plataformas entre las que discurrían las calles y callejones. Una visita al despoblado cercano de Arroyomolinos nos acerca bastante a la disposición que debieron tener las casas ibéricas de Los Castellones. Los afloramientos calizos, allí donde coincidían con una construcción, eran incorporados como sólidas paredes, de forma que el pueblo configuraba un abigarrado núcleo humano, ubicado en la parte más alta del cerro. Por dentro, sin embargo, las casas disponían de patios abiertos o semicubiertos donde se guardaban mercancías y algunos animales domésticos.

Sabemos, por tanto, cómo y de qué vivían los habitantes de este lugar, pero debemos volver a la pregunta inicial. ¿Por qué eligieron este sitio para establecerse, y no cualquier otro?. Esta pregunta no puede responderse sin hacer un "zoom" desde el propio yacimiento al territorio que le rodea. Hemos visto que Los Castellones se sitúa en el punto en el que los antiguos caminos locales accedían a esta confluencia fluvial. El poblado se funda, allá por el año 400 antes de Cristo, en un sitio que domina el río. No es la primera vez que una población humana elegía este emplazamiento. Un par de siglos antes debió existir un pequeño asentamiento del que apenas nos quedan como evidencia algunas tumbas, pero aquello no prosperó, 3Mapa con la localización de los principales yacimientos ibéricos de la zona.y el sitio quedó abandonado hasta la definitiva fundación ibérica. Para entonces, podemos observar el mapa de distribución de los principales yacimientos de la zona, algunos de los cuales son de especial relevancia a juzgar por sus restos. Baste citar Galera, la antigua Tútugi, con su importante necrópolis de cámaras; Baza (Bastí), con su "dama sedente" una de las obras más importantes de la estatuarla ibérica, o Toya (Tugia), con importantes restos y estructuras funerarias. Todos estos lugares señalan al Valle del Guadiana Menor como vía de tránsito entre las Altiplanicies granadinas y el Alto Guadalquivir, y a mayor escala, entre la zona minera de Sierra Morena, con la Importante ciudad de Cástulo como centro,y los0 puertos del Sur y Sureste peninsular.

En este nivel hay que entender la estrategia territorial de las principales vías de comunicación. La del Guadiana Menor supone el camino más corto para llegar a la zona minera de Cástulo desde el sur de Alicante y Murcia, siguiendo la ruta del Segura, y desde Almería, donde se emplazaba el importante puerto púnico de Cartago Nova (Cartagena), Aún así, resultaría imposible entonces canalizar el tráfico rodado por el valle, reduciéndose por tanto a una red viaria exclusivamente de caballerías. La razón de la existencia del poblado de Los Castellones residiría, por una parte, en que en época ibérica la mayor parte del transporte se realizaría con estos medios, y por otra, en la organización política Ibérica, que articula el poder de los jefes locales en el control de las cuencas fluviales, que se convierten en el eje principal de los territorios políticos.

El espacio geográfico y económico de los Iberos de Castellones de Céal hay que entenderlo, por tanto, en las dos dimensiones del valle, que podríamos bautizar como longitudinal y transversal. Esta última afecta a los recursos directos explotados por la población, y al propio control del territorio. El río corre encajado entre montes que rápidamente se elevan a considerable altura, lo que permite aprovechar recursos muy variados en un radio relativamente corto. Los paisajes diferentes y su correspondiente potencial económico varían mucho conforme subimos desde el curso del río a las altas montañas de Cazorla, y esto hace que se disfrute de frutos y pastos de verano e invierno, de maderas de montaña en unos casos y de esparto y matorrales de ribera propios de ambientes secos por otro, y sobre todo, en relación con la ocupación humana, de una abundante cantidad de agua alimentada por el Guadiana Menor y por las numerosas fuentes y cursos que se originan en las calizas de la Sierra, concentrándose en el curso del Céal.

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