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Contamos con un enterramiento doble en la cámara, donde la amplitud del espacio funerario permite que los distintos depósitos no afecten unos a otros, y a falta de análisis antropológicos, es difícil determinar la simultaneidad o no de los enterramientos. Sin embargo en el caso de la tumba 5617, caracterizada por su pequeño tamaño, en la que se efectuó un enterramiento triple de dos varones y una mujer, parece claramente por la remoción y fractura de los recipientes que se trató sin duda de enterramientos sucesivos, cuyo depósito alteraba y modificaba los conjuntos precedentes. En el caso de la tumba 5066, la identificación de una mujer joven y de un individuo infantil sugieren no sólo su vinculación familiar, sino también una más que probable simultaneidad en el enterramiento. Cabe destacar que en esta tumba, se recuperó un fémur humano sin indicios de haber sido quemado, utilizado para delimitar el espacio funerario, y que se podría relacionar con los restos humanos que han sido considerados como posibles trofeos de guerra o restos de personas privadas del estatus necesario para ser quemados y enterrados.

7Reconstrucción de la tumba 11/145 (Dibujo: Victorino Mayoral).En relación con el estatus necesario para ser enterrado cabe señalar la aparición en esta necrópolis de un caso especial en el panorama funerario de la cultura ibérica. Es el caso de la inhumación de un neonato, en el interior de la necrópolis. Esta circunstancia es poco habitual en el mundo ibérico ya que el lugar elegido para enterrar a los individuos que morían al nacer o a temprana edad era la zona del poblado y el ritual el de la inhumación reservado según las fuentes a los que todavía no se les consideraba como miembros de pleno derecho de la comunidad. Esta costumbre se observaba todavía a mediados del siglo XX en muchas comunidades campesinas en España. En este caso la cercanía de la inhumación a un quemadero en el que se encontraron restos de una mujer joven, permite suponer que posiblemente se trata de su madre.

En el otro extremo de la estructura social, habría que destacar la gran tumba de uso individual documentada en el sector occidental de la necrópolis. Pertenece al tipo de las fosas de planta cuadrada, en este caso excavada a una cierta profundidad. El suelo era de losetas de adobe mientras que las paredes laterales fueron forradas con tablas de madera y el cierre superior fue realizado también a base de tablas de madera, que en su cara exterior se enfoscaron con yeso. Sobre esta superficie de yeso se depositaron pequeños recipientes de cerámica gris y huevos de gallina, que en el mundo de las creencias orientales simboliza la vida en el más allá. Sobre esta estructura y rellenando el pozo de acceso se depositó una estructura de adobes que en superficie resaltaba formando un pequeño basamento rodeado de pasillos enfoscados de yeso y decorados con pintura roja. La riqueza y calidad del ajuar conservado en el que destaca la ausencia de cualquier tipo de armamento, las características del individuo enterrado y que se tratase de un enterramiento de gran tamaño constructivo y de uso individual han llevado a los investigadores a proponer que se trata del enterramiento de un personaje de alto nivel social, cuyas funciones estaría en consonancia con un papel de elevada importancia en la sociedad ibérica como el de sacerdote. Quizás entre sus funciones debieron estar los rituales de sacrifico, consagración y delimitación de los espacios de los vivos y los muertos, cuando el espolón de Los Castellones volvió a ser habitado hace dos mil quinientos años.

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