cabecera iberos IT2

CUENTOS, LEYENDAS E ICONOGRAFÍA

Las imágenes ibéricas han sido parcas en la representación de los niños. Sólo tenemos evidencias de los recién nacidos en función del culto a la diosa curótrofa anteriormente aludido. Terracotas como las de La Albufereta o Cabecico del Tesoro responden a modelos típicamente mediterráneos, y podrían haberse encontrado en muchos otros lugares sin que advirtiéramos una procedencia diversa. Sin embargo, ésto no ocurre con la conocida pieza hallada en La Serreta de Alcoy (Grau Mira 1996: Olmos e.p.). en la que la divinidad sedente (Fig. 14.1), magnificada por su tamaño y por su posición dominante. es rodeada por los devotos que toman parte en sus rituales de culto. Entre sus brazos, dos bebés son amamantados directamente por la diosa, flanqueada por el ave que constituye uno de sus símbolos más directos. No sería imposible que otro pájaro se situara simétricamente en el lado opuesto del trono, puesto que también existe en esa zona un pequeño espacio horizontal que podría ser soporte para una piececita como aquella, modelada aparte y pegada a la principal, que por lo tanto habría podido perderse con facilidad. En los laterales, dos parejas de mujeres y niños o niñas, en uno de los casos tocando ambos la doble flauta. Poco hay que añadir a las reflexiones planteadas por Olmos, pero no debemos dejar de constatar que estamos ante los tres dominios directos de la diosa: los lactantes, los niños y las mujeres de cualquier edad. En este contexto se documenta la música, algo tan invisible arqueológicamente y que sin embargo tendría una gran importancia en el ciclo vital y ritual ibérico, precisando unas enseñanzas específicas que se transmitirían en esta edad temprana.

15Otra joven, que decora en altorrelieve un monumento de Osuna (Sevilla)(Fig. 14.3). se representa también tañendo la doble flauta, un instrumento típico del Mediterráneo en aquellos momentos (Castelo Ruano 1989), Su carácter juvenil fue puesto de manifiesto ya por García Bellido (1943: 77 80 y 85) (9), y ratificado por Negueruela (1992). León (1998: 97-8) y Olmos (1999: 75.4). Sus largas trenzas no cuelgan a los lados de la cabeza, sino que se enrollan en torno a la misma, siendo la falta de velo uno de los elementos más evidentes de su inmadurez social. Otras dos mujeres ocupan otras posiciones de esquina quizás del mismo monumento. y esta vez van cubiertas, aunque con un velo corto en un caso y largo en otro. Estamos probablemente ante diferencias no tanto de rango social como de edad, algo que. quizás con algo de imaginación, se aprecia también en el rostro de los tres personajes. El peinado de trenzas como atributo infantil es un elemento que ha sido también resaltado por Izquierdo (2000: 253-260) en relación con las "damitas" de Mogente (Fig. 14.2), aunque en este caso la disposición de las mismas permite pensaren un tocado postizo que cubre la cabeza y se prolonga sobre los hombros. Las acertadas reflexiones de la autora nos hacen apreciar el peso no sólo de lo femenino sino también de lo juvenil en relación con el ritual funerario de la necrópolis, así como la importancia que alcanza la imagen de la mujer en la cultura ibérica a partir del siglo IV a.C.

16Su contrapartida masculina la encontramos en el pilar-estela de Coímbra del Barranco Ancho (García Cano 1997: 264-270), donde en vez de niñas encontramos guerreros decorando la gola del monumento (Fig. 15). El cipo de sustentación incluye en su escena principal a un niño que parece portar un cuchillo, y que recibe la protección de un importante personaje sedente. A sus espaldas tres jinetes desfilan, uno de ellos con un claro cesto de lamentación. Si nos enfrentáramos sólo a la escena centra extrayéndola además de su contexto funerario, pensaríamos en un rito de paso, en el que el personaje maduro incorpora al infante a una nueva categoría social, en la que las armas, aún sencillas, empiezan a ser un elemento fundamental.

Aunque Quesada (1997II: 638) opina que el armamento podría asociarse ocasionalmente a los varones, niños o jóvenes, por razón de su sexo y estatus, cuando se revisa el conjunto de tumbas de algunas necrópolis ibéricas, puede observarse que es muy rara la inclusión de armas en los ajuares infantiles, y que esto no ocurre nunca si los niños son pequeños, salvo que les acompañe un adulto. La tumba 18 de Coimbra del Barranco Ancho asocia Soliferreum y regatón a un niño de entre 11 y l4 años (García Cano 1999: 102), y en todo el conjunto del Cigarralejo no hay armas antes de la edad juvenil (Quesada 1998). El niño de Coimbra no esgrime ningún elemento de la panoplia guerrera, sino simplemente un cuchillo. No ha llegado por tanto a una edad suficientemente madura, pero sus posibles atributos infantiles, como se ha dicho anteriormente quedan bajo los cascos de los caballos, quizás por la muerte prematura del infante, quizás porque deja atrás esa primera infancia con la simbólica imposición de manos del personaje principal.

En otro lugar hemos propuesto la importancia que adquiere el linaje familiar a partir de la fase plena de la cultura ibérica (Chapa e.p.), lo que queda reforzado con la lectura que hace Olmos (1999: 73.3) del relieve giennense tradicionalmente denominado como “danza bastetana” (Fig. 14.4), y que en su lectura aparece como un grupo familiar en el que los varones y las mujeres se diferencian por su vestimenta, atribuyendo a la edad el distinto tamaño que muestran los personajes. Se trataría por tanto de una familia compuesta por los padres y cinco hijos -tres chicos y dos chicas- que se presentan ante la divinidad extendiendo sus manos. Las unidades familiares ganan terreno en una sociedad cada vez más diversificada y compleja, en la que las bases organizativas de los núcleos urbanos que constituyen los territorios étnicos tienen en aquellas los cimientos más sólidos (Ruiz 2000: 19).

Pero los niños debieron formar una parte importante del ideario fundamental de la sociedad ibérica. Relatos como el de Gargoris y Habis aluden a la presencia de un reino mítico en el que un niño -Habis- es víctima de un pretendido infanticidio por vía de su exposición en plena naturaleza una situación que debería tener como resultado el fallecimiento del bebé. Sin embargo, no sólo es respetado por los animales, sino alimentado por ellos debido a la protección de los dioses. En sus primeros años vive en plena naturaleza, pero después, reconocido finalmente por su padre, accede al trono y se convierte en un poderoso legislador. Se ha paralizado este mito con los existentes en el mundo próximo-oriental, griego y latino (Bermejo Barrera 1982: 80-81: Almagro-Gorbea 1996: 52-53). y este paso por el mundo de lo salvaje se conmemorará en muchos ritos iniciáticos relacionados con los jóvenes de estas sociedades (Schnapp 1997 para el mundo griego: Fraschetti 1997 para el romano, ambos con abundante bibliografía), lo que probablemente sucedió también en el mundo ibérico (González Alcalde y Chapa Brunet 1993).

La característica del héroe mítico es que su destino no puede torcerse sino por voluntad de los dioses. Éste es probablemente el caso del personaje cuyas hazañas se conmemoran en el monumento funerario turriforme de Pozo Moro, en Albacete (Almagro-Gorbea 1983). Leído como la yuxtaposición de escenas correspondientes a las aventuras de un héroe (Olmos 1996: Prieto 2000), éste se nos representa como niño casi indefenso que va a ser consumido en un banquete infernal, para aparecer después, supuesta su salvación, como joven y adulto que afronta otros peligros y se aparea con una diosa de apariencia zoomorfa. Habis y el héroe de Pozo Moro constituyen una evidencia de lo importantes que debieron ser los relatos orales en la configuración de la ideología dominante, con alusiones a un pasado remoto, inmutable y justificativo del orden social correspondiente. Estas leyendas incluyen a niños, y constituyen un modelo, aunque fuera inimitable, de lo que constituye el referente del modo de vida aristocrático, y por extensión, de toda la sociedad. Por ello debieron ser relatos conocidos y compartidos por personas de todas las edades, si bien en estos casos se busca una identificación prioritaria con el mundo masculino.

El conjunto de Porcuna (Negueruela 1990) incluye un par de alusiones a los niños (Fig. 16). Una de ellas es la que se asocia a la escultura femenina que González Navarrete (1987: 107-110) bautizó como “gran sacerdotisa” (Fig. 16. 5-6). Los dedos de una mano infantil se representan junto a su brazo izquierdo. La segunda escultura corresponde al vientre, el sexo, los glúteos y el arranque de los muslos de un niño desnudo, en una posición forzada (Fig. 16.3), puesto que levanta una pierna. Este detalle hizo pensar a Blanco (1988: 5-7) que ambas piezas pudieran formar parte de un mismo conjunto, en el que la dama sujetaría fuertemente a un niño que, percatándose de que iba a convertirse en víctima de un sacrificio, se resistiría a participar en el ritual. El propio autor consideraba improbable la hipótesis, que ha sido rechazada posteriormente (León 1998: 86). Una de las cosas que hizo sospechar a Blanco fue que el ritual del sacrificio se contextualizaría mejor en un entorno fenicio-púnico que en el ambiente griego que parece inspirar las esculturas. Si nos centramos en este enfoque, y teniendo en cuenta que el monumento viene siendo considerado como la expresión material de un mito justificativo de la aristocracia local, cabría pensar que la escena representara al héroe fundador acogido por sus pudres o cuidadores después de su nacimiento, al estilo de Erichtonios, antepasado autóctono de los atenienses (Loraux 1981: 28-29. láminas. 3-5a). No es preciso que el recién nacido tenga la apariencia de un bebé. En la iconografía clásica, dioses y héroes son representados como adultos de tamaño inferior, como si va desde niños se pudiera entrever su destino final (Schnapp 1997: 31; Vollkommer 2000: 374). Otra propuesta más que deberá ser comprobada con hallazgos futuros.

17Y para finalizar, un cuento de miedo. En el monumento de El Pajarillo (Huelma. Jaén), se nos presenta una escena (Fig. 17) en la que un varón armado con una falcata y protegido por espinilleras y un grueso manto enrollado sobre su mano izquierda, se dispone a abatir a una fiera. Se trata de un gran lobo cuya cabeza, de 50 cm de longitud, encajaría proporcionadamente en un cuerpo de unos 2 m de largo, lo que da idea de la exageración otorgada al carnívoro, convertido así en monstruo. El objeto de la disputa es un niño, un varón del que apenas se conserva más que su parte central curiosa coincidencia con el ejemplar de Porcuna-que desnudo, espera ser salvado del peligro que supone el animal. La lectura del monumento como un mito de carácter fundacional y territorial ha sido ya expuesta con detalle (Molinos et al. 1998), tomando como modelo otros casos mediterráneos (Visintin 1.992). pero de nuevo es preciso resaltar que estas imágenes no fueron mudas, sino la .expresión de un relato que correría de boca en boca y que se repetiría en rituales conmemorativos temporalmente espaciados.

La víctima es un niño, y aunque la historia acaba bien, podría generar un punto de ansiedad y miedo. Es una versión particular del famoso "que viene el lobo" o del “hombre del saco”. Los estudios sobre los efectos de los relatos conocidos en la población. Especialmente la infantil, no son muchos, pero resaltan el papel del cuento como vía de transmisión de las claves culturales e ideológicas básicas (Johnston 1995; García Teijeiro y Molinos Tejada 2000. citado en García Teijeiro 2001). Probablemente en la zona del río Jandulilla, en cuyo nacimiento se emplazó el monumento, los niños escucharon muchas veces esta aventura, y se les advirtió de que, si no se comportaban debidamente, ellos podían ser el objetivo del depredador. No puede ser casual que en algunas viviendas del Tossal de Sant Miquel de Liria se conserven los fragmentos de cerámica que tenían como decoración una figura de carnívoro (Bonet 1995: fig. 145,22,23 y 83). Sin embargo, al llegar a su juventud, los guerreros ibéricos aprenderán a dominar al lobo y a adquirir sus cualidades (Almagro Gorbea 1997). Su infancia habrá quedado atrás.

Volver

CENTRO DE DOCUMENTACIÓN VIRTUAL DE LOS IBEROS

Eventos