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DE LA MURALLA DE IBROS AL LOBO DE HUELMA: JAÉN EN LA LENTA CONSTRUCCIÓN DE UNA IDENTIDAD PARA LOS IBEROS

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 Autor: Arturo Ruiz

Fuente: Conferencia inaugural del Curso Académico 2001-2002. Instituto de Estudios Giennenses Diputación Provincial de Jaén.

De la muralla de Ibros al lobo de Huelma: Jaén en la lenta construcción de una identidad para los iberos.

A Rocío,que este año comienza su vida, universitaria.

Antecedentes: ¿qué cosas son de los iberos?1

Fue Manuel de Góngora en aquel Viaje literario por las provincias de Granada y Jaén2que escribiera en 1860, quien afirmó que la muralla de Ibros era de fábrica ibérica. Por primera vez, en tierras de Jaén, un resto arqueológico era definido ibero solamente por su tipología formal3. Había sido Góngora catedrático y vicedírector del Instituto de Bachiller de jaén entre 1854 y 1858 y, aunque ese último año marchó a Granada a ocupar la cátedra de Historia Universal en la Facultad de Filosofía y Letras, continuó vinculado a la provincia como Inspector de Antigüedades. No es ajeno a este hecho que los restos arqueológicos documentados en Jaén constituyeran uno de sus pilares a la hora de escribir, en 1868, su trabajo más completo: Las Antigüedades Prehistóricas de Andalucía4. En él el historiador explicó porqué aquella aseveración sobre la ibericidad de Ibros: No estaba de acuerdo con quienes hacían de los monumentos megalíticos y ciclópeos obra exclusiva de los celtas, pensaba, al contrario, que en el sudeste de la Península Ibérica, que era la tierra de los mastienos o bastetanos, había arquitectura de estas características, habiéndose comprobado que allí nunca habitaron los celtas5. Se adelantaba Góngora a otros estudiosos, como Tubino6, iniciador de la tesis africanista del origen de los iberos, que también en 1876 hacía en su obra Los aborígenes iberos o los bereberes de la Península la misma propuesta que el catedrático de Granada. Algunos años mas tarde, en 1881, Sampere i Miquel7, traductor de Haeckel y Spencer, reiteraba con su firma esta misma propuesta teórica, con su Estudio sobre los monumentos megalíticos ibéricos8. Apenas una década después, en 1893, cuando Cánovas del Castillo encargo la época antigua de la Historia de España a Vilanova i Piera y a Rada y Delgado9, ambos  autores sostuvieron decididamente las propuestas de Góngora, Tubino y Sampere i Miquel.

2Figura 1- Fortificación de Ibros. Cátalogo Monumental y Artístico de la provincia de Jaén. Enrique Romero de Torres (1923). Depósito en el departamento de Historia del Arte del Instituto Diego Velázquez del CSIC (Madrid).Escribe Himmelman10que el trabajo del historiador está determinado esencialmente por tres factores que desde el punto de vista cronológico son diferentes, se trata del objeto, que pertenece al pasado; de la historia de la disciplina, que va desde su nacimiento a la época en que trabaja el estudioso y en tercer lugar del horizonte político y cultural del presente del historiador. Les propongo que el recorrido que vamos a hacer a través de la historia de la investigación de la cultura ibérica en Jaén, mantenga presente en todo momento estos parámetros, porque gracias a esta red dialéctica de relaciones entre pasado y presente, será posible razonar el porqué de la enunciada paternidad ibera del megalitismo, como otros muchos temas que en pos de la identidad de los iberos se desarrollaron en esta historia particular de mas de cien años.

La Historia de España de Cánovas pretendía tomar el relevo en la elaboración del programa de legitimación nacional, que arrancara del gobierno isabelino que hizo posible la Constitución de 1845. Fue precisamente en esos años cuando se publicó la primera edición de la Historia de España de Lafuente que había fijado gran parte de los mitos nacionales (Los celtíberos como mezcla de celtas e iberos, Viriato, Numancia, Sagunto, etc.) tras haber cribado los fantasiosos datos de los falsos cronicones. La Constitución de 184.5 representaba el triunfo del modelo centralista de estado, que propiciaba una cultura unitaria para la identidad nacional como ideología con voluntad hegemónica. Fue durante su vigencia cuando se desarrolló por primera vez el discurso que fomentaba la idea de España como realidad preexistente, como nación única, eterna, católica y castellanizada11. Sin embargo hacia 1875, llegada la Restauración Canovista, el programa legitimador de la nación exigía para la burguesía un paso más, para evitar experiencias traumáticas como la del sexenio republicano; posiblemente en esta dirección se desarrollaron entonces propuestas políticas dirigidas a desmovilizar las masas e impedir la construcción de un proyecto de consenso, basado en la incorporación de los ciudadanos a la nacionalidad social. Defendía Cánovas en el Ateneo tal propósito con estas palabras en noviembre de 188212: Que no señores, no; Que las naciones son obra de Dios o, si alguno o muchos de vosotros lo preferís, de la Naturaleza. Hace mucho tiempo que estamos convencidos todos de que no son las humanas asociaciones contratos según se quiso en su día.

 Para tal propósito fue muy querido a Cánovas y a arqueólogos próximos a él, como Fernández Guerra, el proyecto paniberista, que tuvo su traducción arqueológica en la búsqueda de un pueblo depositario de la esencia española. En este contexto la elección de los iberos como pueblo original por su exclusiva asociación a la Península, frente a la mayor difusión territorial de los celtas, convirtió a éstos en una «cuestión de estado». Es posible que los arqueólogos del momento no fueran conscientes de este contexto, en cualquier caso el programa los envolvió e hizo coincidir en hipótesis de trabajo a académicos tradicionales como Rada, positivistas católicos como Vilanova i Piera y a krausistas como Sampere i Miquel.

Sin embargo fueron las teorías dominantes en la disciplina en el nivel internacional, como el difusionismo o la estilística winkelmaniana del arte clásico, las que impusieron una reflexión a una propuesta del pueblo ibero como generador de civilización, porque los iberos como «pueblo bárbaro que era», no podía producir por sí mismo un arte mayor como la escultura y ello obligaba a buscar entre las grandes culturas del Mediterráneo cuál de ellas había podido conducirles por el enrevesado camino del progreso. Puede que fuera este pudor científico lo que impidió que se definiera como ibérico el primer conjunto de esculturas aparecido en el Cerro de los Santos de Montealegre en Albacete13, que había dado a la luz un impresionante numero de piezas entre 1870 con las excavaciones de Lasalde14y los años inmediatamente posteriores cuando trabajo allí, por la Real Academia de la Historia, Saviron. Para académicos como Amador de los Ríos15, aquellas esculturas fueron estatuaria visigoda y para Rada y Delgado16, quizás influenciado por su misión científica por el Mediterráneo Oriental en la fragata Arapiles17o por las inscripciones falsas realizadas por un relojero de Yecla, V. Juan y Amat, eran de factura egipcia. Así lo hizo saber en su discurso de entrada en la Real Academia de la Historia en 1875, desde donde apoyó la hipótesis que por esas fechas también defendía el escolapio Lasalde al escribir que los bastetanos eran egipcios18.

No deben cerrarse estos apuntes sin citar la presencia en tierras de Jaén, hacia 1889, de Joaquín Costa, que en 1891, en sus Estudios Ibéricos defendía que el Sudeste de la Península Ibérica había sido tomado por los tartesios que huían del Bajo Guadalquivir tras la invasión cartaginesa, ubicando en Mastia, Cartagena, su capital19.

Costa estudió una inscripción romana de Jódar y aunque realizó una lectura errónea de la misma20, propuso la primera interpretación de la sociedad ibera, que lamentablemente pasó desapercibida a pesar del gran interés que tenía. El noventayochista creyó reconocer a partir de aquella inscripción la existencia de un tipo de señor feudal primitivo que imponía servidumbre a colectivos humanos, a veces a ciudades, para lo que se ayudó de su profunda erudición en el conocimiento de las fuentes.


 

1 Esta conferencia se ha. servido de la información obtenida, en el marco del Proyecto AREA (Archives of European Archaeology) del programa Cultura 2000 de la Unión Europea, cuyo desarrollo en España ha sido coordinado por el Centro Andaluz de Arqueología Ibérica y donde ha participado la Diputación Provincial de Jaén. Quiero manifestar mi agradecimiento a los miembros del equipo del proyecto D. Alberto Sánchez y D. Juan Pedro Bellón

2 GONGORA, M.: «Viaje literario por las provincias de Granada y Jaén». Revista D. Lope de Sosa, 1915-1916. Jaén. He de añadir que en la misma obra un bronce procedente de un lugar entre Chiclana y Castellar, no corrió esa suerte y acabó descrito como un ídolo bárbaro.

3 El primer objeto ibero descubierto en la provincia de Jaén y que se considera el hallazgo descrito más antiguo de la Cultura ibérica, fue el cuenco con inscripción ibérica de Torres. Se había descubierto en 1618 en un lugar cercano a Baeza, que se interpretó como Torres, Cerro Alcalá afina Romero de Torres al hacer el Catálogo Monumental de Provincia de Jaén, aunque otros autores como Olmos lo vinculan a Cástulo. Valorado fundamentalmente por su valor epigráfico y no por su tipología arqueológica, primero fue considerado por Velásquez de Velasco en 1782 como una antigua escritura goda y después en 1806 por Erro y Espiroz como una muestra de la antigua escritura vasca. Fue definitivamente Teodor Mommsen quien lo estudió en 1863 como una escritura celtibérica al estudiar las 683 monedas que contenía. Posteriormente Hübner en 1893, en su Monumento Linguae ibericae lo define como escritura ibérica, Hoy se encuentra en el Museo del Louvre.
Figura 1.-Fortificación de Ibros. Catálogo Monumental y Artístico de la Provincia de Jaén. Enrique Romero de Torres (1923). Depósito en el Departamento de Historia del Arte del Instituto Diego Velázquez del CSIC (Madrid).

4 Góngora, M.: Las Antigüedades Prehistóricas de Andalucía. Ed. C. Moro. Madrid, 1868. Ed. Facsímil. Universidad de Granada, 1991.

5 Se oponía Góngora a la tradición romántica que atribuía a los celtas todo monumento megalítico y que en España habían defendido Ramis para los monumentos talayóticos Baleares en 1812 y sobre todo Murguia en 1858 sobre los monumentos megalíticos de Granada o Mitjana que hacia de la cueva de Menga en Antequera un templo druídico en un trabajo de 1847, Hay que recordar que en ese momento se consideraban de la misma época y cultura dólmenes como el de Antequera en Málaga o los de Montefrío en Granada, hoy fechados en la Edad del Bronce y anteriores a los iberos y murallas ciclópeas como la de Ibros, hoy fechada en el tardoibérico o ibero-romano.

6 F. M. TUBINO: «Los aborígenes iberos o loa bereberes de la Península". Revista de Antropología II. Madrid. 1876.

7 Sampere i Miquel había sido el editor de la obra póstuma
de F Martorell i Peña en 1879, que también proponía la paternidad ibérica para el megalitismo catalán.

8 Sampere I Miquel: Estudio sobre, los monumentos megalíticos
ibéricos, 1881.

9 Vilanova y Piera, J. y Rada y Delgado, J.: Geología y Protohistoria ibéricas, Historia General de España dirigida por A. Cánovas. Volumen I. El Progreso Editorial, 1893.

10 HlMMELMANN, N.: Utopía del pasaporto. De Donato. Bari,
1981.

11 Para la relación entre nacionalismo español y programas de legitimación ver: VARELA, J. 1999; La novela de España. Los intelectuales y el problema español Taurus. Madrid. Fusi, J. P: Un siglo de España. La Cultura. Marcial Pons. Historia. Madrid, 1999 y los artículos de RjQUER B. de: «El surgimiento de las nuevas identidades contemporáneas: propuestas para una discusión» y PÉREZ Garzón,J. S.: «El nacionalismo español en sus orígenes: factores de configuración» en A. M. García (ed.): España, ¿Nación de naciones? Marcial Pons. Madrid, 1999. También Fox, A, 1998: La invención de España. Nacionalismo liberal e identidad nacional Ediciones Cátedra, Madrid.

12 CÁNOVAS, A., 1981: Discursos en el Ateneo. Obras completas. Tomo 1. Fundación Cánovas del Castillo. Madrid.

13 Los primeros hallazgos se produjeron al parecer en 1831. En 1860 J. D. Aguado escribió un informe a la Real Academia de la Historia sobre los hallazgos del lugar.

14 LASALDE, C.; GÓMEZ, M.; Sáez, T.: Memoria sobre las notables excavaciones hechas en el Cerro de los Santos. Publicada por los padres escolapios de Yecla Madrid, 1871.

15 Amador DE los Ríos, R.: «Algunas consideraciones sobre la estatuaria de la monarquía visigoda», En El Arte, en España, vol. I, Madrid, 1862.

16 En 1891 fue nombrado director del Museo Arqueológico Nacional pero su vinculación a la arqueología era muy anterior como lo demuestra su viaje en la comisión científica de la fragata Arapiles en 1870. Rada y DELGADO, J.: Antigüedades del Cerro de los Santos. Discursos leídos ante la Real Academia de la Historia. Madrid, 1875.

17 Rada y Delgado, J. de D.: Viaje a Oriente de la fragata de guerra Arapiles de la Comisión Científica que llevó a su bordo. Emilio Oliver y Compañía, eds. Barcelona, 1876.

18 LASALDE C.: «Estudios sobre el pueblo bastitano». El Semanario Murciano. Año II y III. Murcia, 1879 y 1880.

19 Institucionalista desde 1878 dirigió el Boletín de la Institución Libre de Enseñanza a partir de 1880. La teoría del desplazamiento tartésico alcanzó un gran éxito a fines del siglo XIX y de ella se nutrieron arqueólogos como Bonsor. o políticos como Blas Infante. Costa, J.: Estudios Ibéricos. Tipografía de S. Francisco de Sales. Madrid, 1891-95. «Inscripción ibero-latina de Jódar». Boletín del I.L.E. Madrid, 1883.

20 Costa, J.: «Inscripción ibero-latina de Jódar» Boletín del l.L.E. Madrid, 1889. Para conocer la historia de este caso ver ESPEJO GARCÍA, | «Inscripción ibero-latina de Jódar». Lope de Sosa, núm. III, Jaén, 1913. El estudio de la inscripción tuvo un efecto negativo por la interpretación equivocada de Galguria como un topónimo en vez de tratarlo como un gentilicio. González Román, C.; Mangas, J.: Corpus de inscripciones latinas de Andalucía. Vol, III, Jaén. Consejería de Cultura. Junta de Andalucía. Sevilla, 1991. Ello ha dado lugar a la confusión que hace de Galduria el antiguo nombre de Jódar.

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