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Los exvotos: nace el mito de la riqueza ibérica de Jaén.

La situación cambió algunos años después. La primera noticia científica del Santuario de Castellar se debe a J. R. Mélida21, que en 1899 publicó dos ídolos de bronce, pertenecientes a la colección de D. Luis Ezpeleta, que el autor calificó como ibéricos e interpretó como imágenes de la diosa Astarte. Aunque Mélida no llegó a especificar el lugar exacto del hallazgo, es conocido que al menos desde 1895 y hasta 1912 Tomás Román Pulido, médico de Villacarrillo, se hizo de una importante colección de bronces procedentes de la Cueva de la Lobera, gracias a un familiar que vivía en Castellar. Hacia 1910 dice Lantier22que los propietarios del terreno, señores. Romero, crearon La Sociedad de Excavaciones de Castellar, una empresa pensada para explotar el sitio. Al parecer el grueso más importante de la intervención de la citada sociedad fue comprado, algunos años después, por Juan Cabré, que posteriormente lo vendió al Museo de Barcelona. Ante tal cúmulo de noticias en 1913 la Real Academia de la Historia encargó a sus correspondientes M. Sanjuán y D. Jiménez de Cisneros un informe sobre lo que acontecía en el citado lugar23.

3Figura 2.-Cuevas de la Lobera de Castellar de Santisteban. Visita de los Correspondiente de la Real Academia de la Historia, Mariano Sanjuán Moreno y Diego Jiménez de Cisneros en julio de 1915. Originales en el Archivo de la Comisión de Antigüedades de la Real Academia de la Historia (CAJ/9/7958/3017).También con una sociedad, esta vez minera, que tenía como fin explotar el Collado de los Jardines comenzó la historia del Santuario Ibérico de Despeñaperros. Sin embargo aquí fue un ingeniero inglés de la New Centenillo Mining Company interesado por la arqueología, H. Sandars, quien se hizo de las acciones y escribió el primer artículo en lengua inglesa sobre el tema de los exvotos24. Sandars donó, en 1904, una importante colección de estos objetos al Museo Arqueológico Nacional y a la colección de Antonio Vives, propietario asimismo del segundo grupo de exvotos de Castellar que publicara. Mélida en 190025 La aprobación de la Ley de 1911 y su posterior Reglamento de 1912 pretendieron cambiar el destino incontrolado al que estaban abocados ambos santuarios. En 1914 Juan Cabré, solicitó permiso para intervenir en el Collado de los Jardines y en 1916 Ignacio Calvo, del Museo Arqueológico Nacional, y el propio Juan Cabré comenzaron las excavaciones, que duraron hasta 191826.

La historia de la investigación de Castellar por esos mismos años, recorrió un camino distinto. Concedido por la Junta Superior de Excavaciones el permiso a Ignacio Calvo en 1914, éste nunca pudo utilizarlo por los impedimentos que le crearon los propietarios del lugar. Sus palabras no dejan lugar a dudas sobre la desazón que le provocaba marcharse de Castellar... Habiendo sabido que apenas saliese del pueblo empezarían a excavar allí los dueños, me creo en el deber de comunicar estos datos a esa Junta a fin de que acuerde lo que juzgue más acertado27... . Este caso y la llamada de atención del Marqués de Cerralbo, presidente de la Junta Superior de Excavaciones, al Gobernador Civil de Jaén28dejan patente la dificultad habida para aplicar la ley de 1911 en el caso de Castellar, que a partir de esta fecha, como algunos años más tarde ocurrirá con Despeñaperros, quedará al libre albedrío de sus propietarios, de expoliadores y coleccionistas anónimos. Se tienen noticias de estos hechos porque en 1920 fue denunciada la venta de exvotos procedentes de Castellar en Oviedo. Se realizó el decomiso del conjunto de bienes y se inició un expediente a Román Pulido, su propietario, quien declaró en 1925 a través del delegado regio A. Cazaban que los exvotos se enviaron a Oviedo para ser fotografiados y que se encontraron en Peal de Becerro durante las excavaciones que llevó a cabo en 1918 con permiso oficial. Poco después los exvotos entraron, según certificación de Mélida en el Museo Arqueológico Nacional como procedentes de Castellar y donación de Román Pulido. Todavía en 1957, y es este un botón de muestra de una constante que años después también repetirá Nicolini, Concepción Fernández Chicarro escribió desde las páginas del BIEG ...Quiero hacer constar mi protesta por las excavaciones clandestinas que desde hace muchos años se vienen realizando..?29 y termina con una petición al estado para que expropie los terrenos de Castellar.

4Figura 3.-Excavaciones de Cayetano de Mergelina en la Cámara Sepulcral de Toya (Peal de Becerro, Jaén). Entorno a 1926. Archivo del Instituto Gómez-Moreno de la Fundación Rodríguez-Acosta de Granada. Inventario IGM2748.Aún en estos años se produjo una tercera intervención arqueológica. Esta vez en Peal de Becerro, junto a la aldea de Toya. Se trataba de un enterramiento excepcional que ha transcendido al habitual anonimato del trabajo científico con el nombre de «Cámara de Toya». Se debió descubrir al comenzar el siglo, cuando un jornalero apodado «el Pernazas» levantó con su azada la piedra que daba acceso al interior de la estructura; solamente él, sus amigos y familiares tuvieron la suerte de ver su interior tal y como lo dejaron los iberos en el siglo IV a. n. e.: después el lugar se convirtió en un yacimiento para la rebusca de objetos antiguos. Caro Riaño desde el Noticiero Granadino fue quien dio la primera noticia de su existencia en 191430. Durante esos años o los inmediatamente posteriores, como ya era habitual en Jaén hizo su aparición la figura de Román Pulido recogiendo o comprando material primero y dirigiendo, en 1918, una excavación legalmente autorizada en Toya y Hoya de S. Marcos, si bien se le indicaba expresamente que no podía intervenir en los alrededores de la cámara. Y como en ocasiones anteriores su presencia sirvió para crear una enorme confusión sobre la procedencia exacta de los objetos recogidos31. Ese mismo año el Centro de Estudio Históricos envió a Juan Cabré para hacer el primer informe sobre la obra arquitectónica y asumir su estudio científico. En 1925 el propio Cabré publicaba el primer trabajo sobre la cámara que era presentada como una verdadera joya de la arquitectura hispánica32.

Se habrá advertido el exquisito tacto con que Cabré presentó con el término hispánico el nuevo nombre de la Cultura Ibérica. En la introducción el investigador se remitía a su maestro Manuel Gómez-Moreno para proponer esta nueva terminología. Pero no era una decisión exclusivamente personal lo que hacía de la cámara de Toya un monumento hispánico, también pasaba a serlo el Santuario de la Luz en Murcia cuando un año después, en 1926 lo publicaba C. de Mergelina33, otro alumno de D. Manuel, y en la misma línea actuaba 

J. de M. Carriazo al publicar los restos de esculturas halladas en el término de Júdar34. Incluso después de la Guerra Civil en la década de los cuarenta G. Nieto continuó manteniendo el termino «hispánico» cuando publicó la necrópolis del Cabecico del Tesoro de Verdolay, de nuevo en Murcia35. El término, por último, llegó a los manuales de historia cuando en 1929 Mélida, es cierto que más dubitativo que los arqueólogos anteriores, propuso, en su Arqueología Española como título de un capítulo, Arqueología Hispánica o Ibérica36.

No cabe duda que se trataba de una estrategia nacida en el seno del Centro de Estudios Históricos, cuya sección de Arqueología dirigía Gómez-Moreno desde su creación en 1914. En realidad a partir de 1900 se asistía a un cambio significativo en el control político de la Arqueología que se expresó en la presencia cada vez más emergente en la cultura española de la Institución Libre de Enseñanza. Si en un principio este hecho fue palpable en el encargo que a través de Saavedra y Riaño se le hizo a Gómez-Moreno del Catálogo Monumental y Artístico de la Nación, aun a pesar de la reacción contraria de la vieja guardia arqueológica de la Real Academia, sin embargo en pocos años y como si aquello sólo hubiera sido un primer ensayo, las acciones institucionales se multiplicaron. En 1910 se creó el Centro de Estudios Históricos, que dirigió desde sus inicios Menéndez Pidal y al que se sumó Gómez-Moreno. El Centro nació bajo el paraguas de la Junta de Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, que había sido creada en 1907 bajo la dirección de Ramón y Cajal, y que como los anteriores era un reconocido institucionalista. El cometido del Centro consistió en investigar los fundamentos de la identidad española a partir de estudios filológicos, artísticos, filosóficos, históricos y jurídicos37. El proceso se desarrolló también en otros frentes, en 1912, y vinculada a la Junta de Ampliación de Estudios, nació la Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas que estuvo presidida por el marqués de Cerralbo, en este caso un político neocatólico carlista, líder del partido tradicionalista, cuyas coincidencias con los institucionalistas, pudieron estar en la fobia al intervencionismo arqueológico extranjero. Ese mismo año, después de aprobarse la Ley de Excavaciones y Antigüedades, en cuya redacción colaboró muy activamente Gómez-Moreno, se creó la Junta Superior de Excavaciones y Antigüedades presidida también por el marqués de Cerralbo. Por citar algunas acciones más de esta estrategia de política cultural en 1912 y 1916 respectivamente fue nombrado catedrático de Arqueología de la Universidad y director del Museo Arqueológico Nacional J. R. Mélida, otro hombre de la Institución Libre de Enseñanza38.

5Figura 4.-Exvotos ibéricos de Castellar de Santisteban. Catálogo Monumental y Artístico de la provincia de Jaén. Enrique Romero de Torres (1923). Depositados en el Departamento de Historia del Ärte del Instituto Diego Velázquez del CSIC (Madrid).La institucionalización de la Arqueología formó parte de un programa construido para establecer la identidad de lo español. Fueron los institucionalistas los que reivindicaron en obras como los Estudios de Literatura y Arte de Giner de los Ríos o Historia de España y la civilización española de Rafael Altamira, la importancia de la Historia para construir la identidad, cuestión que no era ajena a los teóricos de la Restauración, pero que ahora tomaba otra lorma de expresión distinta al fundamentar sus bases teóricas en conceptos como la Intrahistoria de Krauss o la Cultura Común de Herder. En realidad el modelo institucionalista no pretendía recuperar el contrato social del nacionalismo romántico, se trataba de construir a partir de un marco conceptual idealista y un método positivista una identidad política colectiva: el Espíritu Nacional.

El método arqueológico se ajustaba perfectamente a este proyecto por la tradición empírica de sus técnicas y la base humanística de sus objetivos. El trabajo de Juan Cabré en el Santuario del Collado de los Jardines39lo deja ver con toda claridad, porque la memoria es un auténtico reglamento del bien excavar. En sus normas reivindica la necesidad de una estrategia de excavación, hay interés por asegurar el registro estratigráfico al recomendar que el corte debe ser perpendicular y limpio. Cazaban cuando visitó los trabajos se sorprendió por la cantidad de información que se tomaba a cada objeto: Tamaño, caracteres, fecha y hora del hallazgo, lugar y posición en que se halló, profundidad a que estaba y caracteres del terreno que lo envolvía40. Cabré finalizaba su normativa con una última regla, muy en línea con los planteamientos de la Institución, recomendaba que durante la excavación se instruyera a los obreros en la importancia del trabajo que realizaban.

Del lado de la base humanística Cabré se muestra partidario de un origen autóctono para la cultura ibera. En el arqueólogo se hace patente la crisis de identidad que sufre España desde el 98: Las notas de barbarie y hasta de salvajismo lanzadas por escritores extranjeros de siglos anteriores han herido nuestra dignidad de españoles, las timideces de publicistas españoles ansiosos de buscar en otros países la limosna de una influencia artística lastimaron nuestro orgullo de raza41. Podría tratarse de una crítica a la obra de P. París, que en 1903-442había hecho la primera recopilación de aquellos materiales arqueológicos que podían considerarse ibéricos, pero al que su formación clásica le impedía afirmar el valor artístico de objetos como los bronces de Sierra Morena; y cómo no, también en sus palabras estaba presente la historiografía de fines del XIX, cuando los arqueólogos españoles aseguraban el origen oriental de los iberos.

Es posible que Cabré construyera este discurso para justificar el cambio terminológico de cultura ibera por hispánica, sin embargo el concepto que propiciara Gómez-Moreno en 1922, con su trabajo Síntesis de Prehistoria Española43, no proponía exactamente una sustitución de un término por otro. En realidad el arqueólogo granadino no cuestionó en ningún momento la existencia de los iberos, pero sí los identificó con los descubridores de la agricultura en la Península Ibérica durante el Neolítico. Después, seguramente por un proceso evolutivo autóctono, de los iberos que habitaban Andalucía nacieron los tartesios, localizados cronológicamente en la Edad del Cobre y con expresiones artísticas como los dólmenes de Antequera. Siguió el proceso histórico su recorrido, aunque solamente desarrolló niveles de alta civilización en Andalucía Oriental y Murcia, la Tarteside Oriental, como gustaba citar Gómez Moreno, quizás por influencia de Joaquín Costa. Fue este el período mastieno o bastetano, que coincidió con la Edad del Bronce, y que fue producto de la evolución de los tartesios. En realidad no ha habido hasta aquí un gran cambio con las posiciones paniberistas del canovismo arqueológico, pues se mantiene la idea de una misma base étnica: los iberos y el papel destacado de mastienos o bastetanos como el pueblo más civilizado de ellos. Sin embargo aún queda en el proyecto de Gómez-Moreno un paso más. Tras la Edad del Bronce se desarrolló la etapa de las invasiones: ligures, fenicios, celtas (que dieron lugar a los celtiberos en la Meseta Oriental y Aragón) focenses y por último cartagineses (que vinieron a ayudar a los gaditanos y acabaron conquistando Andalucía). De todos ellos el papel benefactor de las influencias externas, (y aquí se recupera un tipo particular de difusionismo cultural que tendrá gran éxito en los años posteriores), se produjo preferentemente con los focenses porque para Gómez-Moreno, aportaron las influencias del mundo oriental chipriota y jonio abriendo así un nuevo ciclo de cultura española, con fuerza de carácter y libertad de iniciativas que lo singularizan entre las demás escuelas similares44. Ahora bien esa influencia solamente llegó a alcanzar cotas de verdadera civilización en los territorios de mastienos y oretanos, en las tierras situadas entre los ríos Júcar y Genil. A estas manifestaciones artísticas, en opinión de Gómez-Moreno, no se les podía llamar ibéricas, pues no afectaron a todo el territorio que ocuparon los iberos, y sí hispánicas por ser la primera expresión de un arte genuinamente español45. La estrategia hispánica no fue dirigida a la búsqueda de una común base étnica, sino a la determinación de la intrahistoria de un pueblo, el español y a verificar cuando esa esencia se hacía presente en su historia.

Lo interesante del caso es que para reconocer esa manifestación artística en 1922 la nómina de sitios arqueológicos era extremadamente limitada. En concreto Gómez-Moreno sólo cita varios capiteles jónicos, entre los que ha de estar el del Cortijo del Ahorcado que excavara Sandars en las proximidades de Baeza, la cámara de Toya, el Cerro de los Santos, Castellar, el Collado de los jardines, Alcoy y la Dama de Elche, es decir que casi el cincuenta por ciento de los sitios que describen el arte hispánico en 1922 están en Jaén.
Este carácter de autenticidad que cobran las tierras del Alto Guadalquivir no es una novedad para los políticos del momento. Con la creación de la revista Don Lope de Sosa, fechado en, febrero de 1913, hay un artículo, que toma el lema de la revista «Laborar por la cultura» y que firma el político conservador José del Prado y Palacio; en el se realiza la siguiente proclama: Jaén... no será púrpura de rosa sevillana, ni blancura de azahar malagueño, ni frondosidad de granadino arrayán, pero podrá ser y será albor de amanecer del alma andaluza a una nueva y más fecunda vida...46. Pudo ser el efecto del pacto, nunca escrito, entre conservadores e institucionalistas, lo cierto es que Cazabán no dudó desde 1928 en emplear el término hispánico cuando escribía sobre los restos ibéricos de la provincia47.


 21 Mélida, ateneísta e Institucionalista, llegó a alcanzar primero la Cátedra de Arqueología de la Universidad de Madrid en 1912 y en 1915 la dirección del Museo Arqueológico Nacional. MÉLIDA. R.: «Ídolos Ibéricos. Encontrados en la Sierra de Úbeda, cerca de Linares (Jaén), pertenecientes al Excmo. Sr. D. Luis Ezpeleta» Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, tomo III. Madrid, 1899.

22 LANTIR, R.; Cabré, J.: El santuario ibérico de Castellar de Santisteban. Memoria de la Comisión de Investigaciones Paleontológicas Prehistóricas. Madrid, 1917.

23 Sanjuán Moreno, M. Jiménez de Cisneros Hervás, De Descubrimientos arqueológicos realizados en las cuevas existentes en las proximidades de Castellar de Santisteban. Boletín de la Real Academia de la Historia, núm. 68. Madrid, 1916.

24 Sandars, H.: «Prerroman bronze votive offerings from Despeñaperros, in the Sierra Morena, Spain». Archaeologia LX. Westminster, 1906.

25 Melida, J. R.: «La colección de bronces antiguos de D. Antonio Vives» Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, tomo IV. Madrid, 1900.

26 Calvo, I. y Cabré, J.: Excavaciones de la cueva del Collado de los Jardines (Santa Elena, Jaén). Memoria de la. Junta Superior de Excavaciones, 8, 16 y 22. Madrid, 1917, 1918 y 1919,

27 CALVO, I.: Memoria referente a las excavaciones y exploraciones arqueológicas del partido de Villacarrillo, presentada a la Junta de Excavaciones Arqueológicas. Enero, 1915. AGA Archivo General de la Administración IDD 1.03. Caja 1035.

28 AGA. IDD 1.03; Caja 1034.

29 Fernández Chicarro, C.: «Avances sobre recientes prospecciones arqueológicas en Castellar de Santisteban y Peal de Becerro». BIEG, 8. 1957.

30 El texto fue recogido por CAZABÁN, A.: «La necrópolis de Toya» D. Lope de Sosa, núm. 32. Jaén, 1915.

31 De todos modos Román publicó su colección de Toya en la revista D. Lope de Sosa. Román Pulido, T.: «Joyas arqueológicas de la provincia. Colecciones italo-griegas e ibero romanas de D. Tomás Román Pulido» D. Lope de Sosa, números. 81, 83, 85 y 86. Jaén, 1919-1920. Posteriormente fue J. Pereira Sieso quien desarrolló una. investigación para aclarar y localizar los materiales procedentes de lugar. Pereira, J.: «La cerámica ibérica procedente de Toya (Jaén)». Trabajos de Prehistoria 36. Madrid, 1979.

32 CABRÉ J.: «Arquitectura hispánica, El Sepulcro de Toya», Archivo Español de Arte y Arqueología, I. Madrid; 192.5.

33 Mergelina, C. de.: El santuario hispánico de la Sierra de Murcia., Memoria de excavaciones en el eremitorio de Nuestra Señora de la Luz (1924-1925). Memoria de la Junta Superior de Excavaciones Arqueológicas, núm. 77. Madrid, 1926.

34 Carriazo, J. de M.: «Esculturas hispánicas del Cortijo del Alamo». Archivo Español de Arte y Arqueología. T. VIII. Madrid, 1931.

35 Nieto, G.: Noticia de las excavaciones realizadas en la necrópolis hispánica de Cabecico del Tesoro de Verdolay (Murcia). Boletín del Seminario de Estudios de Arte y Arqueología de la Universidad de Valladolid. T. VI (XXI-XXIV). Valladolid, 1942, en sucesivos trabajos hasta el III Congreso de Arqueología del Sudeste en 1947 mantendrá el término.

36 MÉLIDAj. R.: Arqueología Española. Labor. Barcelona, 1929).

37 VARELA, J.: La novela de España. Los intelectuales y el problema
español Taurus Madrid, 1999.

38 Este panorama de dirección institucionalista, se completaba con la creación en 1914 del Servei d'Investigacions Arqueologiques del Institut d’Es-tudis Catalans (fundado en 1907 y para cuya dirección se propuso a Bosch Gimpera, cuya formación alemana se hizo con una beca de la JAE) y con el Instituto Francés de Madrid, antecedente de la Casa de Velázquez, que presidido por P. París se fundó en 1913 a partir de L’Ecole D'Hautes Etudes Hispaniques de la Universidad de Burdeos de 1909. A esta concentración de hechos y fundaciones se sumó la cátedra de Historia Primitiva del Hombre en 1922 en la Universidad de Madrid, del Seminario de Prehistoria de la Universidad de Barcelona en 1917 que dirigió Bosch Gimpera, del Servicio de Investigación Prehistórica de la Diputación de Valencia en 1928.

39 Calvo, I. y CABRÉ, J.: Excavaciones de la cueva del Collado de los Jardines (Santa Elena, Jaén). Memoria de la Junta Superior de Excavaciones 22. Madrid, 1919. La única de las tres memorias escrita por él y no por I. Calvo.

40 CAZABAN, A.: «Una visita al Santuario del Collado de los Jardines» Lope de Sosa, núm. 57, Jaén, 1917.

41 Calvo, I. y Cabré, J.: Excavaciones de la cueva del Collado de los Jardines (Santa Elena Jaén). Memoria de la Junta Superior de Excavaciones 22. Madrid 1919.

42 París, P.: Essai sur Vari, et l'industrie de l’Espagne. primitive.
Vol, I y II. París, 1903-1904.

43 Gómez-Moreno, M.: Misceláneas. Historia-Arte Arqueología. Primera Serie. La Antigüedad. Instituto Diego Velázquez. C.S.I.C. Madrid; 1949.

44 Ibidem, página. 40.

45 Ibidem, página. 41.

46 Prado y PALACIO, J.: «Laborar por la Cultura» Don Lope de Sosa, núm. 2, página. 42. Jaén. Del Prado y Palacio era el máximo representante del consevadurismo giennense, con amplio poder en la provincia y fundamentalmente en Espeluy, pasaba gran parte del tiempo en Madrid, ciudad de la que fue alcalde y donde en 1919 alcanzó el cargo de ministro de Instrucción Pública.

47 CAZABÁN, A.: «La cámara sepulcral hispánica del cerro de la Horca (Peal de Becerro) y su vigilancia, defensa y conservación». D. Lope de Sosa, núm. 191. Jaén, 1928 «La escultura hallada en Porcuna» D. Lope de Sosa, núm. 190. Jaén, 1928. Un año antes tanto la cámara como la escultura son definidas como ibérica e ibero-romana respectivamente. Cazaban, A.: «La reconstrucción de la Cámara Sepulcral Ibérica y las excavaciones y exploraciones en Toya». D. Lope de Sosa, núm. 176. Jaén, 1927. «De arqueología: La escultura hallada en Porcuna». D. Lope de Sosa, núm. 177. Jaén, 1927.

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