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Necrópolis iberas para hacer un museo arqueológico.

A mitad del siglo XX, en 1954, C. Fernández Chicarro describía en el R.I.E.G. el paradigma que asociaba Jaén al valor de autenticidad-singularidad de lo ibérico llámese así, bastetano o hispánico: Permítanme nuestros lectores manifestar el agrado que nos produjo la amable invitación del Instituto de Estudios Giennenses que nos brindaba la oportunidad de estudiar la arqueología de Jaén, cuya provincia destaca entre las españolas, no sólo por lo extraordinario de su caudal arqueológico, desgraciadamente disperso y en su mayoría inédito, sino además por el distintivo sello de la antigua originalidad hispánica que le caracteriza48.

La invitación del Instituto, tenía un objetivo muy concreto: se trataba de la creación de un Museo de Arqueología para Jaén. Fue R. Espantaleón desde la Sección III del I.E.G., dedicada a Arqueología. Bellas Artes y Museos, quien promovió el comienzo de la institucionalización de la arqueología provincial; sin embargo los primeros pasos no fueron fáciles a tenor de la contestación dada por el Comisario General de Excavaciones, Martínez Santaolalla a la petición de excavación, solicitada por Espantaleón en 1955, para el Cerro de la Horca y el Terreno Padre Pito de Peal de Becerro, así como para el Cerro Salido de La Guardia49. En ella se cuestionaba al solicitante que la intervención tuviera como objetivo exclusivo la búsqueda de objetos y que no se especificara el método a emplear o el objetivo de reconstrucción histórica que debía tener cualquier intervención arqueológica. A pesar de todo la Administración Central consentía la intervención si eran corregidas tales deficiencias. El caso es que algún tiempo después se intervino en la necrópolis ibera de La Guardia y por los mismos años en una nueva necrópolis, Castellones de Ceal, descubierta al realizar trabajos la Diputación Provincial en la carretera que unía Huesa con Hinojares50. En realidad, las críticas de Martínez Santaolalla debieron de ser frecuentes en la época porque la metodología arqueológica empleada generalmente, apenas había cambiado las directrices que desarrollaran trabajos como los de Cabré cuarenta años antes. De hecho no excavaban de forma distinta Del Nido o Unguetti, consejeros del Instituto, que el equipo que a través de J. M Carriazo llegó de Sevilla con la entonces conservadora del museo C. Fernández Chicarro, quien además propició la llegada de A. Blanco de la Universidad de Sevilla a la investigación arqueológica de la provincia de Jaén51.

6Figura 5 - Toro de Porcuna. Museo Provincial de Jaén.Ahora bien la debilidad metodológica52 empleada en los trabajos de Castellones, La Guardia, en Castellar53o Despeñaperros54, sí es cierto que limitó la posibilidad de conocer mejor la historia de la provincia, en cambio no cuestionó una realidad deseada: el nacimiento de una colección propia que fuera germen de un Museo, lo que se hizo realidad oficialmente en 196355Fue precisamente con la creación de la colección cuando se hizo donación de una escultura de toro descubierta en Porcuna en 1946. Esta pieza y el ajuar de la tumba estudiada por Blanco en Cástulo en 196556, mostraron por primera vez en la provincia de Jaén la existencia de un período ibérico antiguo de carácter orientalizante, hasta aquel momento desconocido. Blanco escribía en 1961: una comente del orientalismo que remonta el curso del Belis desde la costa parece haber hecho posible esta figura augurio de renovación y de ulteriores sorpresas en el panorama del arte prerromano español. Para Blanco no fue un taller tartésico quien hizo posible esta obra: Insistamos en que ningún testimonio conocido en el Bajo Guadalquivir da pie a suponer que tal escultura responda a estímulos de allí, donde es casi seguro que Tartesso fue una ciudad sin estatuas... y concluía: debemos ver en ella como estatua un espléndido fruto de la corriente griega que impregna el Sudeste y que aquí en la Alta Andalucía confluye con el gusto orientalizante del Sur, al que probablemente se debe el tipo de animal y los adornos57. Blanco transmitía algunas de las características determinantes de la historiografía del momento que tenían su raíz en la etapa de los institucionalistas: Filohelenismo y difusionismo cultural para explicar el concepto de civilización. Sin embargo se había producido la recuperación del término ibero o ibérico para definir el período cultural de la Edad del Hierro Plena, bien es verdad que disimulado tras la palabra prerromano. ¿Qué había causado este cambio?

El mismo Martínez Santaolalla que recriminara a Espantaleón la falta de método en sus demandas de intervención arqueológica, defendía en 1941 un proyecto que hizo desaparecer étnicamente a los iberos y arrastró hacia el pasado el término hispánico, no como esencia del espíritu nacional, sino como base demográfica del español. Muy en el deseo de aproximarse a la línea de los teóricos de la Alemania nazi, Martínez Santaolalla unificaba la prehistoria de la Península Ibérica con cuatro oleadas indoeuropeas entre 1200 y el 650 a. n. e., la última de las cuales fue céltica y ocupó todo el territorio peninsular. Este hecho propició que escribiera: Lo que históricamente llamamos iberos y arqueológicamente cultura ibérica, ni es raza, ni es cultura, puesto que se trata de la misma etnia hispánica en que todo lo más habrá que reconocer una mayor proporción de elementos prearios, con las débiles aportaciones mediterráneas lógicas58. La reacción afloró algunos años más tarde, en 1949 con un artículo del Director del Servicio de Investigación Prehistórica de la Diputación de Valencia titulado En defensa del Iberismo59y sobre todo en la nueva síntesis de la Historia de España, editada, en sus volúmenes de España Protohistoria y Prerromana, en 1952, y dirigida por un viejo conocido institucionalista: Ramón Menéndez Pidal. En el trabajo intervinieron seguidores de la teoría celtista como M. Almagro Gorbea, pero frente a él se hicieron fuertes las posiciones proiberas en autores como A. García y Bellido, de manera más moderada60y de J. Maluquer, que escribía desde la tradición de la escuela catalana de arqueología, creada por Bosch Gimpera: Al concepto tradicional de una población ibera de abolengo racial afromediterráneo que constituiría la gran masa de población peninsular, sobre la que se habrían ejercido las invasiones indoeuropeas, la mayor precisión en el conocimiento de éstas, de su expansión y cronología, ha ido recortando el concepto de Iberia hasta haberse formulado hipótesis extremas de negación de lo ibérico, a nuestro entender apenas justificadas. Por fortuna una sabia reacción se ha impuesto con el análisis más objetivo de la cuestión, y sobre todo ante la realidad de la existencia de una cultura ibérica sumamente característica, cuya exacta valoración apenas iniciada, habrá de alcanzar cimas insospechadas cuando la investigación arqueológica, que en amplias zonas de la Cultura Ibérica está por empezar de modo sistemático, llegue a la madurez y densidad suficientes para alcanzar el grado de conocimiento a que han llegado otras culturas mediterráneas a la que el mundo ibérico nada tiene que envidiar61. En línea con estos planteamientos el propio Maluquer dirigió un programa de investigación de la cultura ibérica en los primeros años setenta, cuando fue Subdirector General de Arqueología que tomó como referencia exclusiva la provincia de Jaén y le llevó a intervenir en necrópolis como las de La Bobadilla o Las Casillas de Martos y en poblados como Puente Tablas62. También se volvieron a oír voces institucionalistas como la de Gómez Moreno que en 1958 contestaba a la pregunta de un periodista del Diario Ya, sobre la autoría de las joyas del Tesoro del Carambolo ¿Egipcia?, ¡quite usted hombre! -me dice riendo cordialmente- En absoluto; Céltica tampoco es probable. Ha podido pensarse en ello por la cerámica que la contenía, lisa como la de los celtas; pero esta misma lisura puede darse en cualquier sitio. Desde luego yo la cerámica no la conozco pero no creo que un pueblo bárbaro como el celta llegase a dominar en tierras tartessias...63.

Lo cierto es que la Historia de España de Menéndez Pidal sancionó la existencia de una cultura ibérica asociada a varios pueblos iberos y con ello la teoría de la época republicana de Bosch Gimpera, que había defendido la existencia de un sustrato étnico norteafricano, que se habría introducido en el Neolítico en la zona mediterránea de la Península y que, aunque pudiera tratarse ya de los iberos, los arqueólogos reconocían con el nombre de «Cultura de Almería». No corrió la misma suerte la segunda parte de la teoría de Bosch Gimpera que proponía que tras la Edad del Bronce aquella primera unidad cultural se habría fragmentado en un grupo tartessio-mastieno y otro ibero propiamente dicho que ocupó la zona de Valencia y Cataluña64. Por el contrario las propuestas de Maluquer o García y Bellido abundaron en la pervivencía de la unidad ibera, aunque siempre aceptaron matices entre los distintos territorios. Arribas, que escribió en 1965 la primera síntesis tras la Guerra Civil, parte desde el inicio del libro de la teoría de Bosch Gimpera y matiza las variantes culturales, según la división regional de la España del momento65.

Es posible que el uso demasiado politizado del concepto hispánico, tanto por la teoría celtista de los falangistas filo-germánicos, como por los ideólogos de las teorías del integrismo católico de Maetzu, llevara a muchos intelectuales liberales a rechazar su abuso y retomar el viejo término ibérico. De hecho en el decreto de fundación del CSIC, se proclamaba como objetivo renovar la gloriosa tradición científica de la Hispanidad y formar un profesorado rector del pensamiento hispánico66. No debe olvidarse que la nueva institución, que sustituyó la Junta de Ampliación de Estudios, fue dirigida desde un primer momento por Albareda, amigo personal de Escribá de Balaguer, y que había sido nombrado por el ministro de Educación Ibáñez Martín, un hombre de Acción Española.

La nueva Historia de España se escribió en 1952, cuando dentro del régimen franquista un cierto pensamiento liberal alcanzaba algunas cotas de poder. En 1951 Joaquín Ruiz Jiménez accedió al Ministerio de Educación y situó a antiguos falangistas críticos con el poder, Laín y Tovar, en los rectorados de Madrid y Salamanca; se trataba de dos personas que hundían sus raíces en el intelectualismo falangista de la revista Escorial, contraria a Arbor y a su director Calvo Serer que representaba la posición del integrismo católico dominante en el CSIC, y que habían tratado de recuperar desde aquella plataforma a intelectuales institucionalistas de las décadas anteriores como R. Menéndez Pidal. No cabe duda que el renacimiento del término ibero se produjo a través del mismo ámbito intelectual que años antes lo había desplazado a otros períodos de la historia. En todo caso la dicotomía terminológica entre iberismo o hispanismo no tomó formas de conflicto extremo entre las corrientes historiográficas dominantes en aquellos años, porque los intelectuales del catolicismo universal no dudaron en aceptar el término ibero, seguramente porque su ánimo estaba en otro debate consistente en trasladar a la etapa de los Reyes Católicos el momento en que nacía el Hispanismo67, y porque autores como L. Pericot también partían de la escuela catalana de Bosch Gimpera.

Esculturas y territorios. Es el momento de decir quiénes eran los iberos.

En junio de 1975 relata González Navarrete que un vendedor de antigüedades vino a ofrecerle para el recién inaugurado Museo68unas esculturas ibéricas. Conocido el lugar de procedencia de éstas en el Cerrillo Blanco de Porcuna solicitó intervención arqueológica que primero llevó a cabo con C. Unguetti y posteriormente con O. Arteaga. El resultado fue espectacular porque descubrieron el mayor y más importante conjunto escultórico ibero conocido hasta hoy69. Lamentablemente había sido destruido en un momento del siglo V a. n. e., apenas algunos años después de haber sido esculpido y montado, no obstante se pudo establecer su cronología entre el túmulo de fin es del siglo VII a. n. e.70en el que se abrió la. zanja para enterrar los restos y un momento avanzado del siglo v a. n. e. cuando de nuevo se volvió a utilizar el lugar como necrópolis. González Navarrete tomó una de las decisiones más importantes que hasta aquel momento se pudiera pensar para vincular Jaén al Patrimonio Histórico Ibérico: Conseguir que el conjunto se quedara en Jaén y formara parte de la colección arqueológica del Museo Provincial71.

 En 1973 se creó también la sección de Prehistoria del Departamento del mismo nombre de la Universidad de Granada en el Colegio Universitario de Jaén, algunos años después en 1978 se defendía La primera tesis doctoral, una síntesis de la cultura ibérica en Jaén de la que me cabe el honor de haber sido autor72. En ella se hacía una recuperación de los sitios ibéricos de la provincia y se proponía recuperar la tradición historiográfica, perdida desde Joaquín Costa, que tenía como objetiva representar a partir de la investigación cómo era la sociedad ibérica y cuál su historia73. El trabajo del Colegio Universitario pretendía romper con la idea sin tiempo que se tenía de la cultura ibérica al modo en que lo planteaba M. Tarradell, autor de la parte protohistórica de la Historia de España de Alfaguara que dirigiera Manuel Tuñón de Lara, cuando escribía en 1973, desde la perspectiva de la escuela catalana: La tendencia actual, como ya hemos visto, remonta los orígenes del mundo ibérico hasta el siglo VII o VI a. C., a lo cual nadie se había atrevido antes, y a tales hipótesis se han sumado arqueólogos que treinta años atrás negaban el pan y la sal a los iberos. De otro lado la posibilidad de fechar con mayor precisión las cerámicas importadas ha permitido precisiones cronológicas mucho más exactas74. No sólo eso, pronto se tuvieron secuencias de las cerámicas ibéricas y aplicaciones de técnicas procedentes de las ciencias experimentales que han terminado de cambiar el panorama de la investigación. En Jaén la primera secuencia estratigráfica amplia de un poblado se obtuvo en la excavación arqueológica de la Plaza de Armas de Puente Tablas, donde entre 1982 y 1990 se pudo documentar la historia de una ciudad ibérica, de su fortificación, de su urbanismo, de sus casas y de su paisaje75.

Durante los últimos veinte años del siglo también se ha intervenido sobre los sitios míticos de la cultura ibérica en Jaén, tanto para afinar sus cronologías como para leer con sus nuevas metodologías su funcionalidad76. De nuevo se ha excavado en Castellar77, en Castellones de Ceal78y en los últimos años en las cercanías de la cámara de Toya ante la aparición de un nuevo enterramiento, esta vez un hipogeo79.

7figura 6 - Excavación Arqueológica del Santuario Heroico de "El Pajarillo" de Huelma. Marzo 1994. Centro Andaluz de Arqueológia Ibérica.Pero será una cabeza de lobo apareciendo entre la tierra de Huelma80una mañana de marzo de 1994, la que ha de poner broche de oro a este largo recorrido que como discurso histórico trata de caracterizar las difíciles relaciones entre pasado y presente que el historiador tiene que resolver. Porque aquella cabeza de lobo se halló junto a otras esculturas de grifos, héroes y leones y cuando se recompuso a partir de la investigación, cada pieza ocupó su lugar en su ordenación espacial lo que fue un santuario heroico del siglo IV a. n. e. para contar la historia del primer mito ibero restituido. Y no sólo eso: torre, escaleras, departamentos y esculturas se han proyectado hacia el entorno para permitir que se represente ante nuestros ojos un paisaje antiguo que también formaba parte de la narración del mito: el lago donde nacía un río que dejaba correr sus aguas hacia el Guadalquivir, camino que abría el Valle del río Tartessos al mar Mediterráneo, al espacio de la gran coiné civilizadora, bosque de pinos, encinas y robles que guardara aquel animal salvaje que el héroe mataría momentos después. Historia, historia al fin de un territorio que se construía políticamente desde una ciudad a las orillas del Guadalquivir, seguramente Úbeda la Vieja, por un príncipe que mostraba de este modo su poder a sus clientes.

El hallazgo del conjunto del Pajarillo ha definido el carácter propio y a la vez mediterráneo de la cultura ibérica y ha hecho historia de muchos de los debates que la investigación de lo ibero había tenido, no solamente en esta provincia, sino en todo su territorio. No quiere decir esto que con casos como el de Huelma se descarte hoy la manipulación del pasado en el presente, al contrario, se trata, eso sí, de saber que el presente también está sometido al conocimiento del pasado gracias a la investigación. El lobo incivilizado que va a morir a manos del héroe, cartel de la exposición de París que presentara la cultura ibera a Europa en 1997, es metáfora de una etapa que termina y que se deja sustituir por el clasicismo de la cabeza del guerrero de Porcuna en el cartel de la misma exposición, en Bonn, un año después. Este nuevo contexto del patrimonio ibérico es un verdadero reto para el presente: Hacer llegar en las mejores condiciones a las gentes de la cabecera del viejo río Tartessos, la autoestima y la riqueza que genera el disfrute colectivo del arte y el conocimiento de la historia bien contada. Que ningún tipo de mezquindad haga perder la oportunidad a un pueblo de disponer dignamente de su pasado y permita que se pierda el esfuerzo que varias generaciones de hombres y mujeres han realizado para llegar a este punto del recorrido. Quédense como si de un eco se tratara con las palabras que escribiera en 1984 aquel sabio rector de Salamanca que fue A. Tovar: Las formas culturales ibéricas toman sus rasgos definitivos en la región del Alto Guadalquivir81.

He dicho.

 Terminóse de imprimir esta Conferencia inaugural del Curso Académico 2001-2002, de Arturo Ruiz, en la Sociedad Provincial de Artes Gráficas, S. A., de Jaén, el día 8 de noviembre del año 2001, víspera de la festividad de Ntra. Sra, de la Almudena.


 48 Fernández Chicarro, C.: «Viaje de prospección arqueológica por el término de Peal de Becerro», B.I.E.G., núm. 3. Jaén, 1954, página. 69.

49 ChicharroJ. L.: El Museo Provincial de Jaén (1846-1984). Instituto de Estudios Giennenses, Consejería de Cultura. Jaén, 1999.

50 Fernández Chicarro, C.: Prospección arqueológica en los términos de Hinojares y La Guardia. Boletín del Instituto de Estudios Giennenses, 6 y 7, Jaén 1955 y 1956. BLANCO, A.: «Orientaba II» Arch. Esp. Arq. Madrid, 1960. La intervención en La Guardia se debió al interés de R. del Nido ante el hallazgo de algunos restos de esculturas en el Cerro Salido. BLANCO: «Excavaciones arqueológicas en la provincia de Jaén». Boletín del Instituto de Estudios Giennenses, núm. 22. Jaén, 1959.

51 BLANCO, A.: «Orientalia II». Arch. Esp. Arq. Madrid, 1960.

52 La tan esperada renovación metodológica de la arqueología llegó a España en los años sesenta de la mano del Instituto Arqueológico Alemán que en dos intervenciones en el Cerro del Real en Galera y en Carmona, esta vez con el jiennense J. M. Carriazo, desarrolló el cuerpo metodológico de la excavación estratigráfica que Wheeler reglamentara en los años treinta. CARRIAZO, J. de M.; RADDATZ, J.: «Primicias de un corte estratigráfico en Carmona», Archivo Hispalense, 101-104. Sevilla, 1960. Pellicer, M.; SCHULE, W.: El Cerro del Real, (Galera, Granada). El Corte Estratigráfico IX. Excavaciones Arqueológicas en España, 52. Madrid, 1966. WHEELER, M.: Arqueología de Campo. Fondo de Cultura Económica Madrid, 1961.

53 Como si se tratara de una tradición cuando en 1957 C. Fernández Chicarro excava en Castellar, escribe: Quiero hacer constar mi protesta por las excavaciones clandestinas que desde hace muchos años se vienen realizando.... que recuerdan las palabras que también escribiera I. Calvo en 1914 o Lantier en 1917. Fernández Chicarro, C. «Avance sobre prospección arqueológica en Castellar de Santisteban y Peal de Becerro. Boletín del Instituto de Estudios Giennemes, 8. Jaén, 1957.

54 CASAÑAS, P.; Del Nido, R.: «Prospección arqueológica en el Collado de los Jardines de Despeñaperros», B.I.E.G., núm. 21. Jaén, 1959.

55 Chicharro, J. L: El Museo Provincial de Jaén. Instituto de Estudios Giennenses-Consejería de Cultura. Jaén, 1999.

56 Esta tumba, con las conocidas figuras de Hatthor marca el inicio de la colección que ha dado posteriormente lugar al Museo Monográfico de Cástulo. El punto de partida de estos trabajos en Cástulo se deben a la iniciativa de R. Contreras. Posteriormente intervinieron primero A. Arribas y después J. M. Blázquez en las necrópolis de esta gran dudad ibera.

57 Blanco, A.: «Orientaba II» Arch. Esp.Aro. Madrid, 1960,

58 Ibidem, página. 163.

59 Fletcher, D. 1949: «Defensa del Iberismo». Anales del Centro de Cultura Valenciana, núm. 23, vol. XVIII. Valencia.

60 ALMAGRO Gorbea, M.: «Las invasiones célticas de España" Historia de España, dirigida por R. Menéndez Pidal. T. I. España Protohistórica. Espasa-Calpe. Madrid, 1952. García y Bellido, A.: «Protohistoria: Tartessos». Historia de España, dirigida por R. Menéndez Pidal. T. I, vol. II. España Protohistórica. Espasa-Calpe. Madrid, 1952. El propio García y Bellido había propiciado en cierto modo el desarrollo de la teoría celtista al bajar, en 1943, las cronologías de la escultura ibérica y considerarla producto de la romanización. García Y BELLIDO, A.: «Algunos problemas de Arte y Cronología Ibéricos».Archivo Español de Arqueología, XVI. Madrid, 1943.

61 MALUQUER DE Motes, J.: «Pueblos ibéricos». Historia de España, dirigida por R. Menéndez Pidal. T. I, vol. III. España Prerromana. Espasa-Calpe. Madrid, 1952, página. 30,5.

62 Maluquer,J.; Picazo, M.; Rincón, M. A.: La necrópolis ibérica de La Bobadilla (Jaén) Andalucía y Extremadura. Programa de Investigación Protohistórica L. Barcelona, 1973. MALUQUER, J.: La Necrópolis Ibérica de la Loma del Peinado, Casillas de Marios, Jaén. Programa de Investigación Protohistórica VI. Barcelona, 1984. Las intervenciones en la Plaza de Armas de Puente Tablas nunca se publicaron.

63 Fernández Pombo, A.: «El tesoro de “El Carambolo” pertenece a la cultura tartesia» Diario Ya, 15 de octubre de 1958.

64 Bosch-Gtmpera, P.: Etnología de la Península Ibérica. Barcelona, 1932.

65 Arribas, A.: Los Iberos. Ayma. Barcelona, 1965.

66 B.O.E. de 24 de noviembre de 1939.

67 VARELA, J.: La novela de España. Los intelectuales y el problema español Taurus. Madrid, 1999. FUSI, J. P.: Un siglo de España. La Cultura. Marcial Pons. Historia. Madrid. 1999. VlLLACAÑAS, J. L.: Ramiro de Maetzu y el ideal de la burguesía en España. Espasa Calpe. Madrid, 2000.

68 En 1969 se publicó en B.O.E. el decreto que unificaba el Museo Provincial de Bellas Artes y el Museo Arqueológico Provincial en el Museo Provincial de Jaén (B.O.E. 28-10-1969). Chicharro, J. L.: El Museo Provincial de Jaén. Instituto de Estudios Giennenses-Consejería de Cultura. Jaén, 1999.

69 González Navarrete, J.: Escultura Ibérica en Cerrillo Blanco. Diputación Provincial de jaén. Instituto de Cultura. Jaén, 1987. González Navarrete, J.; ARTEAGA, O.: «La necrópolis del Cerrillo Blanco y el poblado de los Alcores», Noticiario Arqueológico Hispano, núm. 10. Madrid, 1980. Posteriormente fue estudiado el conjunto de guerreros por NEGUERUELA, I.: Los monumentos escultóricos ibéricos del Cerrillo Blanco de Porcuna, (Jaén). Ministerio de Cultura. Madrid, 1990.

70 Torrecillas, J. F -.La necrópolis de época tartésica de Carillo Blanco. Instituto de Estudios Giennenses. Jaén, 1985.

71 Algunos años antes, en 1970, La Dama de Baza había sido trasladada desde Granada al Museo Arqueológico Nacional, como era norma cada vez que aparecía un objeto de gran valor arqueológico.

72 Ruiz, A.: «Los pueblos iberos del Alto Guadalquivir». Cuadernos de Prehistoria de la Universidad de Granada, núm. 3. Granada, 1978.

73 Ruiz, A.; MOLINOS, M.: Iberos. Análisis arqueológico de un proceso histórico. Crítica. Barcelona, 1993. Ruiz, A.: «Historia de los príncipes iberos. Procesos económicos y procesos sociales». Congreso Internacional: Los Iberos. Príncipes de Occidente. Caixa de Catalunya. Barcelona, 1998. Ruiz, A.: «El concepto de clientela en la sociedad de los príncipes». III Reunió sobre Economía en el Món Ibéric. Saguntum PLAV. Extra 3. Valencia, 2000. Ruiz, A.; Molinos, M.: «Los Iberos del Alto Valle del Guadalquivir». De las sociedades agrícolas a la Hispania Romana.

74 Tarradell, M.: «Primeras Culturas», Historia de España, de Alfaguara, dirigida por Manuel Tuñón de Lara. T. I. Madrid, 1973, página. 135.

75 Ruiz, A.; Molinos, M.: «Informe de la campaña de excavación en el Cerro de la Plaza de Armas de Puente Tablas, Jaén». Anuario Arqueológico de Andalucía. Junta de Andalucía. Sevilla, 1985.
RUIZ, A.; MOLINOS, M.: «Informe de la Campaña de excavación en el Cerro de la Plaza de Armas de Puente Tablas, Jaén». Anuario Arqueológico de Andalucía. Junta de Andalucía. Sevilla, 1986. Ruiz, A.: «Plaza de Armas de Puente Tablas: new contributions to the knowledge of iberian town planning in the seventh to fourth centuries B.C.» Proceedings of the British Academy, 86. Londres, 1995. Anteriormente se había excavado el Cerro de la Coronilla de Cazalilla, donde se había aislado un castillete de la fase ibérica antigua y con ello definir ese período por sus cerámicas. RUIZ, A.; MOLINOS, M.; LÓPEZ, ].; CRESPO,J.; Choclan, C.; Hornos, F.: «El horizonte ibérico Antiguo del Cerro de la Coronilla, Cazalilla (Jaén)». Cuadernos de Prehistoria de la Universidad de Granada. Granada, 1983.

76 El caso se ha hecho patente con los planes de intervención arqueológica de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía entre 1985 y 1990, es decir, a partir del momento en que tuvo la transferencia en materia de patrimonio arqueológico, con los proyectos dirigidos por A. Ruiz y M. Molinos sobre el poblamiento ibérico en la Campiña de Jaén, por T. Chapa y J. Pereira sobre el poblamiento en el Valle del Guadiana Menor, por G. Nicolini y N. Zafra en Los Altos del Sotillo de Castellar, por M. Blech en Cerro Maquiz, por Negueruela en Cerro Alcalá y por O. Arteaga en Porcuna.

77 Nicolini, G.; Zafra, N.; Ruiz, A.: «Informe de la campaña de excavación de 1987 en los Altos del Sotillo (Castellar, Jaén)», Anuario Arqueológico de Andalucía. Junta de Andalucía. Sevilla, 1987. Con anterioridad Nicolini había realizado un amplio trabajo de tesis doctoral sobre los exvotos ibéricos. Nicolini, G.: Les bronzes figures des sanctuaires ibériques. Press. Univ. París, 1969.

78 ChaPa, T.; Pereira, J.; Madrigal, A.; Mayoral, V. (1997): La Necrópolis ibérica de Castellones de Ceal (Hinojares, Jaén). Consejería de Cultura, Junta de Andalucía. Universidad de Jaén. Sevilla.

79 Inédito, ha sido intervenido en 2000 por M. Castro y posteriormente en 2001 por un equipo dirigido por M. Molinos y A. Ruiz, con el apoyo en materia de restauración arquitectónica de M. Ibáñez.

80 Molinos, M , Chapa, T.; Ruiz, A.; Pereira,J.; RIsquez, C.; Madriga, A.; Esteban, A.; Mayoral, V.; Llorente, M.: El Santuario Heroico del Pajarillo (Huelma, Jaén). Diputación Provincial de jaén, Universidad de Jaén. Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía v Centro Andaluz de Arqueología Ibérica. Jaén, 1997.

81 TOVAR, A.: «Estado actual de los estudios ibéricos», Homenaje a D. Fletcher. Valencia, 1984, página. 55.

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